Cuando un poeta se desvela y llegan las infaltables Musas, es tan fuerte la necesidad de correr a buscar una hoja totalmente en blanco y en algún lugar un lápiz, una lapicera, algo por Dios con lo que poder registrar un torbellino de palabras… que si no se plasman en ese instante , se pierden para siempre.
Hasta tal punto es el asombro del alma, que tus ojos registran todo desde tu interior: ...los brazos descansados pero inquietos, el pecho agitado, las manos deslizándose por el papel en forma tan veloz, tratando de ganarle a las ideas, que hasta la cavidad profunda de tus pupilas te hacen sentir como un observador impertinente que espía lo que después, leemos, una y otra vez para poder convencernos de que esa forma escrita, nació de nosotros y acomodarla, tachar, recomponer o simplemente dejarla como está porque nos parece perfecta, entonces las Musas exilian, con la satisfacción infinita de que han hecho un buen trabajo.
Hasta tal punto es el asombro del alma, que tus ojos registran todo desde tu interior: ...los brazos descansados pero inquietos, el pecho agitado, las manos deslizándose por el papel en forma tan veloz, tratando de ganarle a las ideas, que hasta la cavidad profunda de tus pupilas te hacen sentir como un observador impertinente que espía lo que después, leemos, una y otra vez para poder convencernos de que esa forma escrita, nació de nosotros y acomodarla, tachar, recomponer o simplemente dejarla como está porque nos parece perfecta, entonces las Musas exilian, con la satisfacción infinita de que han hecho un buen trabajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario