Se encontraba sentada frente a la pantalla de su PC, sin poder creer ni entender que otra vez más, le sucediera lo mismo.....
Había bajado la guardia de su corazón por la confianza que él le daba, con la apariencia de un hombre SIMPLE, con los pies en la tierra. No era un seductor, por lo menos nunca en tantos años lo había demostrado antes de decidirse a hablarle en forma diferente a la amistad , y eso le había hecho a ella poder volver a creer.
Escribió todo, casi sin sacar los ojos del teclado, tal vez sin llegar a leer los mensajes que él escribía y respondía, se dio el gusto por primera vez de decir lo que pensaba, de decir lo que sentía de frente, y también por primera vez se PLANTÓ, con la firmeza de un Roble, con sus raíces ya no desmembradas de la tierra seca. Hizo un duelo anticipado, apretó la tecla de inicio pero la de su alma , y lo comenzó.
Sus mensajes los escribía sin íconos, como solía hacer siempre, le gustan los colores, y los colores de la alegría. Pero ya no quería esperar turnos, ni noches sin finales, ni fines de semanas vacíos, no le importaba, no lo sentía así. Y el silencio y la pantalla fueron los únicos testigos de sus lágrimas , que se deslizaban insistente y abundantemente por su rostro, con la libertad de hacerlo, ya que no tenia conectada la cámara web.
Apagó la computadora, se quedó un rato más con la mente quien sabe donde.... si en blanco, si aceptando ó si jurándose, que el candado iba a ser puesto en su corazón.
Llegó a su casa, no cenó, aunque ya era casi de madrugada, respiró más pausadamente que de costumbre, y con esa languidez , se acostó, sabiendo con seguridad que esa noche el sueño iba a hacerse escurridizo y deseado.
Se abrazó los hombros... necesitaba sentirse, y las lágrimas ansiosas, indomables y antojadizas, estallaron sin más ni más.
Por supuesto el sueño no acudió a la cita, y se levantó peor que cuando se había acostado, se enojó con ella misma frente al espejo, su cara no era de lo mejor, cerró los ojos, no quería verse, pero igual se arregló, siguió respirando y volvió a la oficina.
Sentada de nuevo frente a su PC, decidió encenderla como todas las mañanas, afrontar el vacío, clickeó en su inevitable y amorosa compañía de la música, y desde los pequeños pero fieles parlantes fluyeron la letras de Montaner, dolían, punzaban, pero las tarareó. Debía hacerse inmune. Debía resistir como lo venía haciendo vaya a saber desde hace cuantos años. Y pasó el día mirando si la ventana de contactos daba alguna novedad, si aparecía la frase que imaginó que iba a aparecer. Transcurrió el día, y seguía allí, todavía sin probar bocado. Y la espera...... como era de esperar...... fue en vano.
Volvió nuevamente a su casa, casi ni miró lo que pasaba ó había, no registró si tenia que dejar algo hecho para el día siguiente. Con la tristeza encarnada, se metió a la cama, y otra vez hasta el sueño, su único amante, faltó a la cita.
Más temprano que nunca por no haber dormido, y no soportar más sus sábanas, se levantó, con el ceremonial de siempre, pero esta vez como tenía tiempo, se dedicó a ella, comenzó a dedicarse a ella, siguió respirando, y se sintió viva, como el ROBLE, reverdeciendo ya que era primavera, con su mente acotada a sus proyectos, no a sus necesidades, a sus vacíos, a sus faltantes, las ramas se movieron seguras, espléndidas, brillantes, con hojas nuevas, renacidas.
Recién comienza la primavera, y todavía hace mucho frío y resopla el viento, pero ya anunciaron que terminaba esa insoportable ola polar y la suavidad de las brisas cálidas iban a comenzar. Podría volver a su río, se saboreaba el murmullo de sus aguas, el reflejo de sus atardeceres, la inmensidad del cielo, que era igual a la inmensidad de lo que ella definía AMOR. Y así como comenzó la esperanza de la calidez de las tardes, así comenzó la nueva apreciación de si misma, así como comenzó a elaborar ese último duelo, como comenzó a poder mirarse al espejo, y sentirse satisfecha del reflejo, tal vez, como nunca lo imaginó.
Salió a la calle, caminó por las veredas de siempre, y mientras lo hacía, sus ojos, devoraban las formas que se continuaban incesantes . Miró sin quererlo al cielo y lo vio más celeste que nunca, más brillante que nunca, aunque se empañaran con esas lagrimas exigentes por partir.
Había bajado la guardia de su corazón por la confianza que él le daba, con la apariencia de un hombre SIMPLE, con los pies en la tierra. No era un seductor, por lo menos nunca en tantos años lo había demostrado antes de decidirse a hablarle en forma diferente a la amistad , y eso le había hecho a ella poder volver a creer.
Escribió todo, casi sin sacar los ojos del teclado, tal vez sin llegar a leer los mensajes que él escribía y respondía, se dio el gusto por primera vez de decir lo que pensaba, de decir lo que sentía de frente, y también por primera vez se PLANTÓ, con la firmeza de un Roble, con sus raíces ya no desmembradas de la tierra seca. Hizo un duelo anticipado, apretó la tecla de inicio pero la de su alma , y lo comenzó.
Sus mensajes los escribía sin íconos, como solía hacer siempre, le gustan los colores, y los colores de la alegría. Pero ya no quería esperar turnos, ni noches sin finales, ni fines de semanas vacíos, no le importaba, no lo sentía así. Y el silencio y la pantalla fueron los únicos testigos de sus lágrimas , que se deslizaban insistente y abundantemente por su rostro, con la libertad de hacerlo, ya que no tenia conectada la cámara web.
Apagó la computadora, se quedó un rato más con la mente quien sabe donde.... si en blanco, si aceptando ó si jurándose, que el candado iba a ser puesto en su corazón.
Llegó a su casa, no cenó, aunque ya era casi de madrugada, respiró más pausadamente que de costumbre, y con esa languidez , se acostó, sabiendo con seguridad que esa noche el sueño iba a hacerse escurridizo y deseado.
Se abrazó los hombros... necesitaba sentirse, y las lágrimas ansiosas, indomables y antojadizas, estallaron sin más ni más.
Por supuesto el sueño no acudió a la cita, y se levantó peor que cuando se había acostado, se enojó con ella misma frente al espejo, su cara no era de lo mejor, cerró los ojos, no quería verse, pero igual se arregló, siguió respirando y volvió a la oficina.
Sentada de nuevo frente a su PC, decidió encenderla como todas las mañanas, afrontar el vacío, clickeó en su inevitable y amorosa compañía de la música, y desde los pequeños pero fieles parlantes fluyeron la letras de Montaner, dolían, punzaban, pero las tarareó. Debía hacerse inmune. Debía resistir como lo venía haciendo vaya a saber desde hace cuantos años. Y pasó el día mirando si la ventana de contactos daba alguna novedad, si aparecía la frase que imaginó que iba a aparecer. Transcurrió el día, y seguía allí, todavía sin probar bocado. Y la espera...... como era de esperar...... fue en vano.
Volvió nuevamente a su casa, casi ni miró lo que pasaba ó había, no registró si tenia que dejar algo hecho para el día siguiente. Con la tristeza encarnada, se metió a la cama, y otra vez hasta el sueño, su único amante, faltó a la cita.
Más temprano que nunca por no haber dormido, y no soportar más sus sábanas, se levantó, con el ceremonial de siempre, pero esta vez como tenía tiempo, se dedicó a ella, comenzó a dedicarse a ella, siguió respirando, y se sintió viva, como el ROBLE, reverdeciendo ya que era primavera, con su mente acotada a sus proyectos, no a sus necesidades, a sus vacíos, a sus faltantes, las ramas se movieron seguras, espléndidas, brillantes, con hojas nuevas, renacidas.
Recién comienza la primavera, y todavía hace mucho frío y resopla el viento, pero ya anunciaron que terminaba esa insoportable ola polar y la suavidad de las brisas cálidas iban a comenzar. Podría volver a su río, se saboreaba el murmullo de sus aguas, el reflejo de sus atardeceres, la inmensidad del cielo, que era igual a la inmensidad de lo que ella definía AMOR. Y así como comenzó la esperanza de la calidez de las tardes, así comenzó la nueva apreciación de si misma, así como comenzó a elaborar ese último duelo, como comenzó a poder mirarse al espejo, y sentirse satisfecha del reflejo, tal vez, como nunca lo imaginó.
Salió a la calle, caminó por las veredas de siempre, y mientras lo hacía, sus ojos, devoraban las formas que se continuaban incesantes . Miró sin quererlo al cielo y lo vio más celeste que nunca, más brillante que nunca, aunque se empañaran con esas lagrimas exigentes por partir.
Volvió a sentarse en su PC, sin mirar la ventana de contactos ..... clickeó en su inevitable bálsamo... y volvió a elegir a Montaner.....

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